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Entradas de José Manuel

Circular.

Circular es un homenaje a nuestros productores y distribuidores ecológicos de proximidad. Acercarnos a su cotidianidad, a sus problemas y a sus expectativas ha sido una experiencia mucho más palpitante de la que hubiéramos imaginado en un primer momento. Todos ellos comparten la convicción de que hay otra forma de hacer las cosas. Producen de otro modo, respetan el medio, reutilizan, reaprovechan… demuestran que antes de levantar la azada, de coger el huevo o de ordeñar la vaca han dedicado muchas horas a reflexionar sobre el mundo, sobre el trabajo, sobre la justicia y sobre cómo combinar todos estos conceptos sin que ninguno salga perjudicado.

Encuadrada dentro de un proyecto de economía circular, esta exposición* quiere abrir una puerta al reconocimiento de todos aquéllos que con su esfuerzo están haciendo posible que también nosotros podamos llevar un modo de vida más sostenible y más humano.

(Pedro Piedras Monroy).

*EXPOSICIÓN PERMANENTE:
CIRCULAR. Retratos (hu)manos + textos.

Fotografía: José Manuel Rodríguez. Texto: Pedro Piedras Monroy.
Visitable en Come Sano Come Justo (C/ Ruiz Hernández, 3. Valladolid).

Agradecimientos:
Ayuntamiento de Valladolid, INEA, Alberto Lentijo, Ricardo Miranda – Cortas de Blas, Siro Ortega, Cooperativa Crica, Enrique Concejo, Manding Drame, Marina Frutos de Diego, Belén Verdugo, Lourdes Benito y Félix Revilla.

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Algo tendrá el fuego cuando lo bendicen.

Fotografía: José Manuel. Diseño: Ayto. Jarandilla de la V.

Algo tendrá el fuego cuando lo bendicen. La frase no reza exactamente así, pero es bien cierta. En La Vera -y en otros lugares- lo saben bien; más allá de la luz y del calor «el fuego es teología», como dice C. Lisón. Y Jarandilla en esto no es menos, sino más. Llevaba años intentando acudir a Los Escobazos y un cúmulo de circunstancias se conjuraron para hacerlo posible en 2016.

Mi bautizo fue en la ermita de la Virgen de Sopetrán cuando un niño me dio el primer escobazo, de ahí entré en la marabunta junto a un hombre que me llevó hasta «donde está el lío», dijo. Al entrar en la Plaza Mayor me quedé tan fascinado con esos hombres arrastrando el fuego que tardé en quitar la tapa de mi Canon, porque viajar solo tiene el encanto de la duda y la pregunta/respuesta -sin cómplice que sugiera- es siempre en primera persona. Así fue mi primera vez en Los Escobazos, una observación que me llevó a recorrer las calles de Jarandilla escuchando a sus gentes a la vez que disparaba 3.266 fotografías -exactamente-, «pese a todo imágenes y nada más que eso» parafraseando a Didi-Huberman. Sin duda, lo sustancial quedó fuera de foco: el olor de la escoba, los cánticos… lo que uno experimenta e interpreta, aquello irrepresentable en tanto forma parte de lo vivido.

Pese a los prejuicios etnográficos, la fiesta también despertó en mí el interés por la plástica que irradia el fuego. Así, pese a todo, entre las miles de fotografías rescaté la que ilustra el cartel 2017. En ella aparecen varios hombres con su fuego y delante un señor pausado, ajeno al bullicio de sartenes y cacharros que todo lo llena; abría el paso de la comunidad sin llamar la atención de sus paisanos porque entre ellos era y es uno más. La esencia de ésta y otras celebraciones son sus hacedores y cuanto gravita cerca y más allá de ellos, sus temores y anhelos vividos en grupo, ahí donde cabe la esperanza. Pero este hombre no era uno más, tenía esa esencia y me recordaba a ciertos personajes repletos de verdad que aparecen en el cine de Béla Tarr, supongo que ahí nació mi empatía hacia él y al blanco/negro como elección.

Después supe que el señor pausado se llamaba Cirilo, igual que mi bisabuelo, mi tío, mis primos y mi padre. Imagino que esto también es parte de ese conjuro del que hablaba. De vuelta, el camino hasta Valladolid fue otro cantar o el mismo «… ardía la zarza y la zarza ardía, y no se quemaba la Virgen María…».

Publicado en el Revista Los Escobazos, 2017. Ed. Ayto. de Jarandilla de la Vera.


EPÌLOGO >

En 2017 regresé a Jarandilla de la Vera para fotografiar, nuevamente, la fiesta de Los Escobazos. Allí me crucé con Cirilo, aunque en verdad le estuve buscando entre la gente durante toda la noche: un retrato (el que ilustra estas líneas), pocas palabras, alguna sonrisa, varios abrazos y mucho agradecimiento. No ocurrió mucho más porque tampoco era necesario hacer o decir mucho más.

Meses después, ya en 2018, me escribieron para comunicarme que Cirilo había fallecido. Y entonces uno siente que pierde a un conocido, porque fue de esas personas que pasan por delante del objetivo y se quedan bien dentro de la retina. De esas personas que uno siente suyas y creé conocer de siempre por el simple hecho de fotografiarlas y observar sus gestos durante horas y horas.

Sirvan la fotografía y estas líneas como reconocimiento a quienes caminan por nuestros pueblos con mirada sabia, al margen de todo y de todos.

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Poème de la mer.

Poème de la Mer

(…) Et dès lors, je me suis baigné dans le Poème
De la Mer, infusé d’astres, et lactescent,
Dévorant les azurs verts; où, flottaison blême
Et ravie, un noyé pensif parfois descend (…).
Rimbaud, A. (1871). Le bateau ivre.

Poema del Mar
(…) Desde entonces me baño inmerso en el Poema
Del Mar, infusión de astros y vía lactescente,
sorbiendo el cielo verde, por donde flota a veces,
pecio arrobado y pálido, un muerto pensativo (…).
Rimbaud, A. (1871). El barco ebrio.
Trad./Versión. Ed. Cátedra.

Música: Spiegel im spiegel | Arvo Pärt. (Comp.).
Cámara: Nikon CoolPix AW100.

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Fabricando sueños, proyectando emociones.

Conozco un poco a José Manuel. Un poco de su vida, de sus ocupaciones, sus inquietudes y algunas de sus preocupaciones; también de sus sueños. Siempre, me admiró su humanidad y su sensibilidad para captar y transmitir.

Me gusta cerrar los ojos, pienso que ‘fabrico sueños’. Otros, como él, como José Manuel, cuando los abren nos regalan los suyos, sus sueños y emociones… también sus desazones.
"(...) no te olvides, una pequeña luz puede iluminar a grandes barcos (...)".

Tiene un don especial para crear, para captar lo que observa y tocar en nuestros corazones, porque, al igual que ‘un libro es algo más que una lectura’, una fotografía no es sólo una imagen. En ellas proyecta su mundo interior, sus sentires y, a través de ellas, logra emocionar, provocar un sentimiento. Incluso si éste difiere del que originó la fotografía para su autor.

Porque, en definitiva, de eso se trata, de sentir, de los sentimientos, de los sentidos, de las sensaciones, de la sensibilidad… Proyectar lo que sientes en lo que haces y llegar a emocionar. Aterra a la par que te libera, a veces frustra, otras enorgullece. Vaivenes tratando de esclarecer, que no es otra cosa que arrojar luz allí donde parece que sólo existen sombras, blanco y negro.

Hernández de la Iglesia, Elena (2014). “Lo mejor de la fotografía. Fabricando sueños, proyectando emociones”. En Lo mejor de las Autonomías. Madrid: Ducal Ed., nº 116 – Sep/2014, p. 46 y ss.

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El claroscuro existencialismo de la realidad.

solo en el desierto

Edita fotos en blanco y negro, y la mayor parte de las veces se aleja del color como si temiera asirse a la encorsetada percepción lumínica de la cotidianidad. Clava los ojos de su cámara en el límite vital de los objetos cercanos para lograr una efectiva respuesta emocional en el observador.

Las fotografías de José Manuel Rodríguez podrían definirse como el claroscuro existencialismo de la realidad. Denotan libertad y angustia, melancolía y ensoñación, vida y muerte, proyección e imaginación. Son los genios que emanan del puchero cotidiano de la mente, los que surgen de la efectiva creatividad que da rienda suelta a lo más puro del arte.

José Manuel emerge desde su mismo entorno para expresar la belleza de la vida, aunque sea efímera, a través del moribundo girasol en el atormentado labrantío castellano, o en las tres rosas marchitando su temporalidad en el permanente tarro de cristal. Expone al hombre solo en la misteriosa eternidad, en el desierto mar o en la cúspide del elefantiásico monolito de piedra, que recuerda a las películas de Buñuel. Incluso las ovejas y su pastor en la zigzagueante cañada recomida por el camino sería una buena imagen buñuelesca. Los mismos guiños artísticos los busca también este extraordinario fotógrafo en la singular palmera de fuegos artificiales al lado de la torre de la iglesia.

Duque, José Carlos (2014). Lo mejor de la fotografía. El claroscuro existencialismo de la realidad. En Lo mejor de las Autonomías. Madrid: Ducal Ed., nº 116 – Sept. 2014, p. 46 y ss.

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Cada cual con su quimera

Bajo un gran cielo gris, en una gran llanura polvorienta, sin sendas, sin hierba, sin un cardo, sin una ortiga, me encontré con muchos hombres que caminaban encorvados. (…)

Hablé con uno de aquellos hombres, y le pregunté adónde iban de aquel modo. Me respondió que no sabía nada, ni él ni los demás; pero que evidentemente iban a alguna parte, ya que los empujaba un irreprimible deseo de caminar (…), caminaban con el resignado aspecto de los condenados a una espera eterna. (…). Y durante algunos instantes me empeñé en querer comprender aquel misterio; pero muy pronto la irresistible indiferencia se abatió sobre mí, y me sentí más abrumado aún de lo que estaban ellos bajo sus agobiantes quimeras.

Cada cual con su quimera. Baudelaire.

Strauss, A. (2012). Baudelaire, Poe, Mallarmé, Flaubert. Interpretados por Odilon Redon. Barcelona: La Central, p. 35.

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Politics of the body

The politics of the body ap

The Politics of the body: gender in a neoliberal and neoconservative age (Polity Books Ed. Cambridge, U.K) es el último libro de la socióloga Alison Phipps, en cuya portada aparecerá ‘Santa puta mártir’, una de las fotografías que realicé tras leer ‘Vuelo nocturno. canonicemos a las putas’ de Jaime Sabines. La editorial ha reeditado la foto con algún desaturado y eliminó ‘PUTA’ (escrito con pintalabios a modo de insulto, contrapuesto a los sutiles versos de Sabines) y los anuncios de prostitutas que cogí en la calle Corrientes de Buenos Aires. Quizá hoy, también yo hubiera prescindido del ‘PUTA’ y del corazón pintado; me resultan demasiado explícitos, simples y poco ingeniosos.

En todo caso, me hizo ilusión la elección, especialmente por las críticas negativas que recibí en su día. Por ello, reedito el texto que publiqué hace unos años para agradecer a quienes me ayudaron a juntar las cerca de quinientas latas de ‘cocacola’; a la Asoc. ‘El Cribero’ por el par de maniquíes; a mis amigos argentino-españoles que me acompañaron por Palermo (Buenos Aires) fotografiando grafitis. También a Verónica Vera, que desde Coyoacán (México) puso en mis manos la poesía de J. Sabines, sobre cuyos textos reposan las fotografías. Pero sobre todo,  y, ante todo, a las mujeres esclavas del siglo XXI que sufren la prostitución, sus mafias y el SIDA.

Cabe señalar que la foto ilustró -sin mi consentimiento, en un principio- un absurdo artículo del diario 20 minutos de Madrid, donde los lectores comentaban que la imagen ‘incitaba a la violencia’ (¿ ?). Hubo quien me aconsejó retirar la imagen de mi página en Flickr (risas). En fin, mucha razón tiene Rodrigo García -director teatral- cuando dice que ‘a veces debemos hacer algo que mucha gente nos aconseja que no hagamos. Es el conflicto inevitable para que algo se mueva’.

Sea como fuere, la profesora A. Phipps y su editorial captaron la esencia de la fotografía. Quedo agradecido y feliz por ello.

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Fotografía original y serie completa:

Buscar la sorpresa

buscando la sorpresa

En tiempos casi pretéritos, una joven profesora de pintura estimulaba a sus alumnos, entre los que me incluía, diciendo que los pintores tenían el privilegio de ver ‘más allá’. Por ejemplo, presenciar el cortejo del sol con una vieja ventana gestando una escena ‘bella’ -o al menos diferente- repleta de luces y sombras; instante fugaz que para otras personas pasaba desapercibido. En este sentido, mis primeros conceptos fotográficos, ‘aguas y vinagres’ fueron revelados por Carlos Sanz Aldea, quien paradójicamente hoy es reconocido pintor.

Más allá de lo anecdótico y con los pinceles abandonados por falta de destreza, me compré una réflex por la necesidad de olvidar ‘el ver’ y repensar ‘el observar’. En éste camino, el camino de los porqués, me acompañan la escritura y, sobre todo, la lectura de los ‘pocos sabios que en el mundo han sido’; una senda que conduce a la reflexión insistente e incluso al esbozo de los primeros dibujos que después se convertirán en algo, a veces en fotografías, capaces de aglutinar el ciclo reflexivo. Este proceso resulta más o menos tedioso, pero hay dudas que no se solventan en toda una vida, aunque paradójicamente la fotografía digital ofrezca la inmediatez como relativa ventaja.

Este discurrir de la duda podría compararse al final de una obra teatral: ‘… y cae el telón’. La sala queda oscura y no hay más que observar, sólo reflexionar sobre lo experimentado. Seguramente a esto se deba mi interés inicial por fotografiar ensayos y analizar las obras del actor y director Alberto Velasco, pues encontré en ellos una forma -bien sencilla- de embriagarme con sueños y estimular la materia gris.

No obstante, la vuelta, como la huida, siempre es a ninguna parte o tal vez al inicio: el prisionero que mira las sombras. Tan pronto como se llega al corazón de la pesquisa… el clímax resulta tan efímero que el sentido de la imagen final se desvanece y el ‘instante de un contexto’ pasa a ser historia, en el sentido de ‘no importante’. Tal vez esa fotografía -ya hecha- se positive al cabo de años, meses, días u horas, aunque ese no sea el destino. Lo esencial es concretar las enunciativas y las interrogativas (ambas reflexivas, con sujeto a la vez agente que paciente); si bien, como decía J. Saramago ‘en buena verdad, la línea recta sólo existe en la geometría, y aun así no pasa de una abstracción’ (La caverna, 2000). Así, a pesar de los pesares, curado de espantos, sigo buscando la línea recta, la sorpresa a la vuelta de la esquina, quizá ese ‘más allá’, a veces traumático y sin embargo catártico.

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